martes 8 de diciembre de 2009

Tercer Capítulo

Cai en el caos más absoltuo de la creación: las historias sólo llegan y se almacenan para luego ser contadas. Hasta ahora no tengo idea de cuántas cosas cruzan por mis neuronas, pero Tania sigue presente aunque aún no haya podido editar el primer libro y esté todavía en la mitad del tercer y último. Pero bien, subir los borradores y leer sus opiniones me ayuda mucho.

Les dejo aquí el capítulo tres. Es algo sombrío y dramático, comparado con los dos anteriores, pero da dirección a la historia. Es vital leerlo para poder seguir.
Disfruten


-Diario tres-
Relámpagos de noche oscura


Lo hice lo más rápido posible. Cené, me bañé, me lavé los dientes, me puse el pijama y me acosté. Todo para poder leer el libro que me prestó el padre de Nadia y porque no me podía quitar las palabras de la cabeza. Una vez tendida en la cama, esperé con el libro en mano que mi hermano estuviese profundamente dormido en su habitación, y que mis padres le igualaran. Quería deleitarme leyendo sin que nadie me molestara y por ello es que no podía dormir, ni siquiera tenía sueño. Abrí el libro y comencé a leer desde donde me había quedado. Las palabras nuevamente me llevaron y otra vez escuchaba ese susurro en mi oreja.

“Lo impredecible hace a la persona un total misterio. Lo curioso es que eso es lo que nos atrae de los demás, en especial del sexo opuesto. ¿Puede ser que por eso me enamoré de alguien que para mí era algo que no se puede ver ni saber qué es por la oscuridad? Aquella mujer llegó ante mis ojos como un relámpago. ¿Quién lo hubiera predicho? Me enamoré, en verdad estaba flotando sobre nubes.
“Mi corazón estaba subiendo por una escalera al cielo. Nunca en mis diecinueve años de edad había sentido eso. Si tú, lector, nunca has conocido a alguien así, es muy difícil que entiendas mis emociones tan complejas de escribir. Tan difíciles de explicar.

Eso fue algo del primer capítulo, más bien un resumen. Tienen que entender que leí ese libro hace cuatro años y actualmente no lo tengo en mi poder y no sé si todavía seguirá a la venta. ¿Lo has visto tú por allí?

“Estaba en primer año de universidad. Podía respirar el ambiente, la nueva atmósfera que acompañará mi vida en este trayecto. Era tradición y de buena fortuna, por lo que me habían contado algunos amigos de edad mayor, que el primer día en la universidad el mechoneo era necesario. Para los de segundo años, obligatorio. Ni hablar de cómo me dejaron. Me recortaron el pelo, destrozaron a jirones mi polera y me quitaron el resto de mi ropa. Me dejaron solamente con mis calzoncillos puestos. Eso sin contar los huevos y demás porquerías en las que te bañan de pies a cabeza. Así estaba yo, casi desnudo y cagado de frío.
“Pero resistí, y debía hacerlo, yendo a pedir dinero a la gente que pasaba frente a la universidad. Tenía que reunir cinco mil pesos, pero gracias a la generosidad de las personas, no me fue difícil juntarlos. Yo no estaba solo en esa situación. Alrededor mío estaban todos los de primer año y las mujeres, por lo que vi, también les fue horrible. De todas aquellas mujeres me llamó la atención una que estaba pidiendo dinero con un brazo cubriendo sus pechos desnudos. No tenía la menor idea de qué color tenía el pelo, la piel o los ojos ya que estaba totalmente cubierta de mierda.
“Llegué ante los abusivos que tenían mi ropa y mi mochila y, tal como me lo habían dicho, me lo devolvieron todo a cambio de los cinco mil pesos que les entregué. Cuando ya me había puesto mis pantalones, ellos me invitaron a tomar unas cervezas cerca de allí. Les dije que los alcanzaría en alrededor de una hora más ya que quería limpiarme porque en realidad apestaba como burro muerto. Ellos estuvieron de acuerdo y me dijeron que guardarían un poco de cerveza para mí. Apenas se fueron, abrí mi mochila y saqué una de las dos poleras extras que había empacado. Cuando salía del recinto, vi otra vez a aquella mujer, está vez hablando con sus abusivas correspondientes. Parecía que logró juntar el dinero justo y ellas le devolvieron sus cosas, por desgracia toda la ropa de su parte superior estaba hecha trizas. Tuve compasión por ella, así que le ofrecía mi polera sobrante y ella aceptó con gusto. Desde ese momento mi vida nunca más fue la misma.

Me levanté al llamado de la naturaleza y fui al baño. Una vez misión cumplida, corrí a la cama para volver a leer. Puede que ante mi desesperación haya provocado mucho ruido al pisar y por eso mis padres me hablaron desde la oscuridad de su habitación.
- ¿Tania, qué demonios pasa? – preguntó mi padre somnoliento.
- Nada, papá. Es solo que necesitaba ir al baño.
- ¡Ah! Bien, recuerda de tirar la cadena y…- quedó dormido profundamente otra vez. Caminé ahora en puntillas a mi cama tratando de no hacer ruido.

“Al final de nuestras carreras, los dos consumimos este romance con el matrimonio. Lucia estaba igual de hermosa que siempre. Su vestido blanco no distraía a mis ojos de su rostro y sus ojos púrpuras. Yo estaba, en verdad, asustado y emocionado a la vez. Si no fuera por mis amigos ya me hubiera desmayado en el acto. No te preocupes, me decían, todo saldrá bien, en especial cuando estén los dos solos esta noche.
“Esa noche, después que se fueron todos los invitados, nos fuimos a un hotel en donde mi padre nos reservó una habitación. En esa gran cama redonda fue donde…

Mi lectura fue bruscamente interrumpida por los gritos de mi madre.
- ¡Tania, por Dios, apaga esa luz!, ¡Son las dos de la madrugada y mañana tienes que ir al colegio!
No quise discutir y apagué inmediatamente la luz. Dejé el libro en mi escritorio para luego dormir tratando de aguantar las ganas de seguir leyendo.
Sentía apenas que pasaron cinco minutos desde que cerré mis ojos a cuando me despertaron.
- ¡Tania, despierta! – me decía mi hermano – Son las siete y media de la mañana y si no te apuras, vas a llegar atrasada al colegio.
Mis ojos se abrieron como si les hubiera caído agua helada. Salté de la cama y fui corriendo al baño. Me duché, sequé mi cabello y me lavé los dientes casi al mismo tiempo. Salí del baño tan rápida como nunca y me vestí y desayuné también al mismo tiempo. Me despedí de cada uno y corrí a la puerta.
- ¿Tienes algo que hacer hoy en el colegio, Tania? – me detuvo mi mamá.
- ¡No, mamá, es que voy atrasada! – le respondí alterada - ¿No sabes que hora es? Deben ser casi las ocho.
- ¿Las ocho? Pero si falta más de tres cuartos de hora.
- ¿Cómo? – exclamé sorprendida – Si mi reloj dice que van a ser las ocho.
- ¡Ah! De verás que no te conté. Ayer el Poncho entró sin querer a tu pieza y botó tu reloj al piso con su cola. Tu padre dijo que hoy lo iba a componer – se escuchó un pito que provenía de la cocina - ¡Cresta, se me olvidaba la comida para hoy!, ¡Se me va a quemar, maldición!
Me quedé allí parada y miré el reloj cucú que estaba colgado en la sala. Decía claramente las siete y quince minutos. Caí sentada apoyada en la puerta. Suspiré y me relajé. Mi hermano me la jugó de nuevo, pero ya verá.
- ¡Mamá! – le grité - ¿Puedes servirme un vaso de leche?
- ¡Claro, niña! – me respondió acompañada del ruido del aceite friéndose - ¿De qué sabor la quieres?
- ¡Sorpréndeme!
Y en verdad lo hizo. Nunca antes había probado leche de chocolate con duraznos y ni sabía que existía. Creo que esas creaciones culinarias tan raras se deben a que mi madre estudió gastronomía antes de casarse. Pero no pudo terminar la carrera ya que en la última prueba, reprobó por estar fumando y cocinando a la vez. Tanto dañó eso el orgullo de mi madre que se retiró del instituto y no quiso volver nunca más a rendir aquella prueba. Es gastrónoma sin cartón, como dice mi padre.
Salí de casa a los pocos minutos y caminaba tranquilamente al colegio llevando en mi mano el libro del padre de Nadia. Como me era costumbre, en el camino me topé con Amalia. Estaba rara ese día, se veía tranquila y con una venda en la cabeza.
- ¿Qué fue lo que te pasó allí? – le pregunté mientras caminábamos.
- ¡Ah, esto! No es nada. Me lo hice ayer al volver a casa – me decía con una calmada voz – Corrí tan rápido que no me di cuenta del poste que estaba al frente y choque. Casi me rompí la cabeza, pero el poste fue el que se llevó la pero parte. ¿Ves por allá esos cables que se desvían al suelo? Allí está el poste.
No pude ver muy bien a donde me indicaba Amalia porque unos árboles obstaculizaban la visión, pero en realidad parecía que aquel poste estaba tirado en el suelo. Por unas calles cercanas, vi como dos camionetas municipales iban justo donde Amalia chocó. Se notaba que había dejado una gran cagada en la calle.
- Sabes, Amalia, te noto diferente. ¿Es a causa del choque?
- Más bien, todo es culpa de estás pastillas – me respondió mostrándome unas pastillas blancas y del tamaño de una moneda de diez pesos – Me las recetó el doctor para los dolores de cabeza y para que me mejorara del chichón que me dejó el choque. Estas porquerías no solo me sanan, sino que también me relajan. Los únicos contentos por ese accidente son mis padres.
Y ya lo creo con solo ver como te comportas en casa. Sus padres deben de sentirse más tranquilos que nunca.
En una calle del colegio Ezperanza estaba estacionado un furgón blanco con un hombre apoyado en él. Estaba fumando y usaba unos gruesos lentes negros. Amalia me lo señaló y me dijo que se parecía a James Dean, que le faltaba la pura moto y la chaqueta. Estaba mirando a cada chica caminar y entrando al colegio como si esperara a alguna. Pero apenas me vio, no me quitó los ojos de encima. O eso creía, porque con sus lentes puestos no tenía idea de lo que estaba mirando. De la radio de su vehículo se escuchaba una canción de Queen, pero no me acordaba de su nombre.
- ¡Tania, muévete!, ¡Estamos ligeramente atrasadas! – me dijo Amalia enterrándome su dedo en mi mejilla.

Me quité de la cabeza a ese hombre tan extraño apenas la profesora terminó de pasa r la lista. Abrió su cuaderno de materias y comenzó a dictar. Nadia no tuvo la misma atención de ayer, hoy fue más discreta y es que así son mis compañeras con las nuevas, les sacan el jugo de información el primer día, luego deducen cómo es y que hacer con ella, si considerarla amigable o despreciable. De lo último son casos contados de dedos de una mano y no quiero salirme de la historia contando sobre esos casos.
Apenas terminó la primera clase, Amalia me arrastró al puesto de Nadia.
- ¿En qué parte vas del libro, Tania? – me preguntó luego de los saludos.
- Llevo como unas sesenta hojas, más o menos – respondí. Ustedes leyeron mucho menos que eso, pero yo les había dicho que lo resumí.
- ¡Vaya, y en tan solo una noche! Bueno aún te faltan trescientas hojas.
- Si. Me queda bastante por leer.
Amalia mientras tocaba su famosa guitarra de aire tarareando Another brick in the wall de Pink Floyd. Parecía que el efecto de las pastillas se estaba acabando.
- ¿Pretendes leer al llegar a tu casa, Tania?
- Más bien, pretendo terminarlo.
Los ánimos estuvieron buenos ese día. Yo estuve en plena forma en la clase de deportes a pesar de haber madrugado. Nadia mostraba la misma sonrisa y candidez de ayer y Amalia seguí siendo Amalia.

“La felicidad fue algo que se hizo más poderosa en mi vida al recibir a nuestro primer hijo. Lucia propuso llamarlo Matías a lo que yo acepté. Lo bautizamos acompañados de toda la familia a los cinco días después. Aquel producto mío y de mi esposa era más travieso de lo que me imaginé. Un buen amigo una vez me dijo: Un hijo lo cambia todo. Era verdad. Los dos soportábamos levantarlos en la madrugada cuando estaba llorando. Yo accedía a cambiarle los pañales después de regresar del trabajo y ella lo hacía en la mañana. Como los dos teníamos un empleo, tuve que contratar a mi suegra para que lo cuidara. Ella aceptó cuidarlo sin costo, pero yo insistí a entregarle unos ochenta mil pesos al mes por las molestias.

Mi casa estaba como morgue de hospital cuando llegué. Normalmente mi madre pone música para decir a todos los que pasaban que había alguien en casa, pero esta vez ni siquiera se escuchaba el cantar de las aves. Mi hermano debería estar jugando con Poncho en el antejardín, pero ni el perro se veía. La reja y la puerta estaban abiertas y la casa estaba tal cual como la dejé en la mañana. Creerán que yo pensé que algún ladrón había entrado a la casa, pero estaba muy ordenada. O tal vez que los habrán secuestrado y dejado una nota de rescate, o posiblemente asesinado y dejado sus cuerpos en el jardín. Pero yo dejé de preocuparme por cosas como esa desde hace mucho tiempo. En realidad la casa estaba tal cual como en la mañana, salvo por una nota que encontré sobre la mesa de la cocina. La visión de secuestro me vino a la mente. Pero, ¿Qué idiota tendría las agallas de secuestrar a un miembro de esta familia? No me lo imaginaba y tomé la nota. Estaba escrita por mi madre, reconocería esa letra en donde fuera. La bonita caligrafía no se ve muy a menudo.

Tania.
Yo y tu hermano fuimos a comprar al supermercado. Tardaremos un buen rato en llegar. No te preocupes por la comida, te dejé arroz con alcachofas en la olla. Caliéntalo exactamente unos diez minutos o se quemará. Pone música para que sepan que hay alguien en casa. Dale de comer a Poncho y limpia las mesas.
¡Nos vemos!

Así era mi madre, breve y directa al grano. Por si acaso, el arroz con alcachofas no es en porciones separadas, lo que hace mi madre es juntar ambas cosas en una olla con agua caliente y luego revolver. Al rato quita el agua y no sé que más hace. Podrá sonar asqueroso, pero a mí no me desagrada. Por lo menos ustedes no comen estas cosas tan extravagantes todos los días.

“Ese pequeño era todo mi ser. No permitiría jamás que algo malo le pasase. Estaba dispuesto a recibir cualquier puñalada en su lugar. Creció muy sanamente y nos hacía muy feliz a ambos. Yo le consentía en todo y lo llevaba a donde quisiera. Lucia me advertía de no mimarlo mucho, pero que hacer si eres tan feliz con ver su sonrisa.

Llegaron dos horas después cargados en un taxi.
- ¡Tania, ven a ayudarme! – me ordenó mi madre por lo que tuve que dejar mis tareas para después y ayudarla a cargar las bolsas para dentro. Eran como veinte y todas estaban pesadas. Hasta el chofer del taxi nos ayudó y quedó tan cansado como nosotras.
- ¿Qué compraste? – le pregunté al componer el aliento.
- Cosas para el mes – contestó como si no fuera gran cosa.
Mi hermano mientras registraba cada bolsa a fondo buscando algo.
- ¡Ten, Tania! – me dijo arrojándome algo - ¡Te compramos tu chocolates favoritos!
Chocolates rellenos de manjar. Los guardé en mi bolsillo y me los comí a escondidas en mi habitación. Yo era la única en la casa a la que le gustaban tales chocolates. Mi padre me pedía cada vez que veía una oportunidad. Cada vez que me compraban, los escondía en lugares que ni se imagina y él igual los descubre y se los come echándole la culpa al perro el muy cínico. Por esos percances, me los devoro apenas están en mis manos.
Mis deberes escolares eran más cada día y sobre todo ese día. Lamenté no haber podido leer ni siquiera en la noche al acostarme. Estaba tan exhausta que mis ojos se cerraban solos. Apenas vi mi cama, me desplomé sobre ella, durmiéndome antes de caer.
Al otro día, mi hermano nuevamente me despertó.
- ¡Tania, despierta! Te quedaste dormida con la ropa puesta, ridícula.
- ¡Ah, qué! ¿Qué hora es? – pregunté bostezando.
- Las siete y media, estás ligeramente atrasada.
Le quedé mirando de reojo.
- No caeré en tu broma nuevamente, así que adió. – y hundí mi cabeza en la almohada.
- No sé si te habrás dado cuenta, Tania, pero papá compuso tu reloj. – me dijo mientras salía de mi habitación.
Como chispazo reaccioné y miré mi reloj. Decía las siete y treinta y cinco minutos.
- ¡Tania, maldición, levántate que llegarás tarde al colegio! – me ordenó mi madre a gritos.
- Mierda, tenía razón. – murmuré levantándome de un salto y al igual que ayer, hice todo lo que tenía que hacer en tiempo record.
Salí corriendo de la casa con tanta rapidez que nadie me podía ver y con la cual hacía volar las cosas. Por suerte, llegué al colegio exactamente a las ocho de la mañana. Estaba con cansancio acumulado, la tarea y aquella carrerita me dejaron como sonámbula en la primera clase. No tenía noción de lo que sucedía alrededor mío, pero de algo pude percatarme. La profesora anunció la fecha de la primera prueba, dentro de dos semanas a contar de hoy. Me hubiera gustado unirme a las quejas, pero estaba tendida oreja abajo en mi pupitre. Pero esa misma noche, cansada o no, tomé el libro y recomencé a leer sin importarme si mis padres o mi hermano me molestaran.

“Busqué por todos lados. Estaba tan desesperado que podría haber matado a cualquier persona que estuviera en frente de mí, incluso hasta a mi esposa. Ella llamaba sin parar a la policía, a investigaciones, a parientes y amigos y lo único que obtenía era nada. Yo montaba mi automóvil esa noche de invierno. Llovía a cantaros y apenas se podía ver la carretera. Pese a que las luces de los faroles eran muy potentes y la iluminación de las tiendas, restaurantes y casas ayudaba también, era inútil, la lluvia era como un grueso manto. Estaba comenzando a inquietarme demasiado. Desde la tarde buscando sin obtener pista alguna. Quería encontrar a ese desgraciado y hacerlo pedazos con mis manos.
“Mi hijo, mi primogénito, mi semilla, había sido raptada esa tarde en el colegio por alguien que fue descrito como un hombre bien parecido, con barba y pelo rubio. Según las profesoras, se llevó al niño apenas salió del colegio y este se veía muy feliz. Eso me pareció extraño cuando me lo dijeron ya que él nunca es amistoso con gente que no conoce, pero mi preocupación en ese momento opacaba mi raciocinio. Estaba cegado por la ira y la desesperación.
“Una señora que iba a dejar a sus hijos sacó, por casualidad, una foto del desgraciado con mi hijo a su lado. Era alto, rubio, con barba negra y vestía casualmente. Memoricé su rostro y lo buscaba en cada rincón de la cuidad. A menudo me detenía e iba detrás de algún tipo. Lo sujetaba con furia y luego me daba cuenta de que él no era el desgraciado.
“Creía que ya todo estaba perdido cuando lo encontré caminando por un puente. Me bajé del auto rápidamente y le golpee la cara antes de que se diera cuenta.
- ¿Dónde está mi hijo, bastardo? – le pregunté amenazante.
- ¡Era tu hijo! ¡Ja! Se nota de lo debes querer. – me dijo sin tomar en serio la situación.
- ¿Dónde está? – insistí casi perdiendo la paciencia.
- Esta donde tú debes buscar, estúpido. – me respondió soltando una carcajada.
“Esa estruendosa risa me volvió loco. Lo tomé del cuello y lo arrojé al río. Se perdió de vista en al oscuridad de las aguas. En ese momento mi control estaba hecho pedazos. Era un animal salvaje. No pude componerme y asesiné al maldito. Cuando mi razón escasamente volvía a mí ser me di cuenta de la situación. Mi hijo ya estaba totalmente alejado de mí y sentía que nunca más lo volvería a ver. Arrodillado, comencé a llorar.

El viernes al llegar a casa, mi padre tenía de visita a sus amigos. Yo saludé a cada uno como mi madre me dijo. La música en esa noche era Satisfaction y otros temas de The Rolling Stone. Como era costumbre, en la mesa había tres botellas de cerveza. Dos vacías y la otra por la mitad.
Me dirigía mi habitación y puse en mi radio personal un disco de Ray Charles y comencé a hacer la tarea para el lunes, pero esta vez con más calma que nunca.

“El tiempo igual pasa aunque el mundo se haya acabado. El mío se consumió cuando perdimos a Matías. La policía e investigaciones buscaron durante tres años sin encontrar ni siquiera una pista. Entonces me llamaron un día por teléfono y me dijeron que lo sentían, pero el caso no avanzó desde que comenzó por lo que lo cerrarían mañana. Yo insistí para que siguiera abierto, pero fue inútil. ¿Conocen esta emoción? La conocerían si estuvieran en mi misma situación. Perder a un hijo es como perder la mitad de tu cuerpo o todo tu cuerpo. Es irremplazable y es como si hicieran un agujero en tu alma.

“Este año Matías cumplirá diez años y nosotros nos preparábamos para recibir otro hijo. En este caso una niña. Aún no superábamos el dolor de la perdida de Matías, pero seguí los consejos de curas y psiquiatras: la vida sigue y hay que vivirla lo más feliz posible. Deja el pasado atrás y concéntrate en el futuro. Aún tiene una esposa que te quiere y la debes cuidar lo mejor posible.
“Recibimos a Alicia con los brazos abiertos. Tenía el mismo color de ojos que su madre y comencé a saborear la felicidad otra vez.

Parece un deja-vu, pero el mismo tipo que vi el jueves pasado, estaba en el mismo lugar, con la misma pose y otra vez pensé que no me quitaba la mirada de encima. Amalia me lo indicó diciéndome que James Dean siempre regresaba.
En el recreo, fuimos las tres a ver si aquel tipo seguía allí. Cuando lo comenté en clases a Nadia, sintió tanta curiosidad por ese sujeto que me pidió que se lo mostrara. Su mirada se alteró cuando se lo describí, como si fuera alguien que conociera. Estábamos mirándolo disimuladamente sentadas bajo un árbol y que casualmente estaba a un costado de él. Era el lugar perfecto porque no nos podía ver. Estaba todavía con la misma postura de la mañana. Nadia estaba mirándolo fijamente. De pronto, la puerta del furgón blanco se abrió y salió una mujer. Parecía tener el cuerpo calcado de las páginas de Condorito porque su anatomía era tal cual como están dibujadas las mujeres en la revista. Le dijo algo al tipo que no pudimos escuchar por la lejanía y ambos subieron al furgón. Luego encendieron el vehículo y se largaron por un camino opuesto. Nadia tenía una expresión se sorpresa y angustia que daba miedo. Pensé que algo tenía que ver aquel sujeto con ella.
- Volvamos a la sala – nos dijo con una sonrisa -. Están por tocar el timbre y ya saben como se comporta la profesora cuando alguien llega tarde a la sala.
Mientras caminábamos no dejaba de pensar en sus reacciones al ver al tipo del furgón blanco. En ese instante de la historia pude haber tomado otro camino y no haberme metido en la vida de otras personas, pero yo no soy esa clase de personas. Soy una maldita curiosa y ese año me lo cobró caro esa cualidad mía.

“¿Recuerdan lo que les dije sobre los relámpagos? Bueno, nunca creí haber tenido uno tan cerca. Un día cualquiera, después del octavo cumpleaños de Alicia, unos detectives golpearon a mi puerta. Yo estaba solo puesto que mi esposa e hija salieron donde mi suegra. Dejé entrar a los detectives que estaban con una seria expresión en sus ojos. Creí que con su trabajo eso era algo natural, pero me equivoqué, como suelen hacerlo las personas.
- Señor – comenzó a decir el de mayor rango –, primero debo decirle que no es nuestro trabajo molestarlo así y quiero explicarle algo antes de entregarle estos papeles. Me dijo mostrándome una capeta gris llena de archivos – Unos meses después de concluir la investigación de la desaparición de su hijo, encontramos en un río, cerca de las costas, el cadáver del secuestrador. Estaba irreconocible pero un examen de ADN probó que se trataba de él. – vino a mi de pronto la escena en que le di muerte. Esa sonrisa que me dio ese desgraciado provocó que mis recuerdos de dolor e ira volvieran. Matías. – En todo caso, abrimos de nuevo el caso, pero no pudimos comunicárselo por su cambio de domicilio. Encontramos hecho que, en realidad, pueden afectarlo mucho, señor.
- ¿Encontraron a mi hijo?
- Lo siento, señor. Pero no nos fue posible efectuar una búsqueda minuciosa por órdenes mayores. Lo que quiero decirle es que encontramos un patrón con el secuestrador y...- el detective meditó un momento. Tragó saliva y prosiguió – bueno, una conexión con su esposa, señor.
Me caí al sofá con la mente en blanco. No podía creer lo que me estaban diciendo.
- Le dejaremos el informé aquí, señor. – me indicó uno de ellos – No se moleste en despacharnos, entendemos como debe sentirse.
“Ellos no entendían como yo me sentía. Nadie lo sabía. Tomé la carpeta gris y la abrí cuando una lágrima caía de mí ser. En aquellos papeles se hacía evidente. Aquel desgraciado fue el amante de mi mujer. ¿Qué creen que sentí? Estaba destruido nuevamente por dentro. Las viejas cicatrices se abrieron dejando grietas más profundas.
Cuando mi esposa llegó disimulé una sonrisa, pero nada se podía ocultar ante ella. Ordenó a Alicia a que fuera a su cuarto y se quedó en la sala conmigo. Yo estaba tratando de contener la pena, la ira, las lágrimas. Ella me acarició mis mejillas con dulzura.
- ¿Qué te pasa?
- Vinieron unos hombres…unos detectives hace poco y me dejaron eso. – le señalé la carpeta gris – ¿Porqué no me lo dijiste antes?
- ¿Qué cosa? – preguntó preocupada - ¿De qué me estás hablando?
- De ese desgraciado. Tu amante.
Sentí su cambio de emoción. Se sintió un vacío en la sala. Yo no pude contener más las lágrimas y las dejaba fluir de mis ojos. Ella bajó la mirada y comenzó a suspira.
- Creo que es un alivio – decía – Por fin esa mancha se está limpiando.
- ¿Porqué no me lo dijiste antes?
- ¿Para qué? ¿Para destruir a esta familia? – me gritó – Yo no sabía lo que hacía en ese momento.
- Sabes lo que hizo tu maldito amante. – le dije sollozando – Raptó a nuestro hijo. Si, escuchaste bien, ese imbécil se llevó a nuestro Matías.
“Ella cayó en el desconcierto. Se comportó incrédula conmigo repitiéndome que eso no era posible. Yo insistí y traté de que me creyera. De hecho, le mostré los papeles que me dejaron los detectives y que hacían irrefragable el caso. Ella, desesperada, cayó en mis brazos gritando que eso era imposible. Lloraba cada vez más fuerte y lo único que yo pude hacer fue sobarle la cabeza.
“Estuvimos así hasta que ella me empujó tan fuerte que caí al sofá.
- ¡Esto no puede ser, no puede! – gritó corriendo fuera de la casa. Yo la seguí, pero fue inútil, ella subió al auto y se alejó a toda velocidad. La noche estaba igual que cuando raptaron a Matías: lloviendo a cantaros que apenas se podía ver el camino.
“Entré con paso lento a la casa. Mojado y melancólico. Mi hija estaba parada frente a la puerta cuando entre.
- Papá – me dijo con su dulce voz - ¿Porqué mamá estaba gritando y porqué se fue en auto?
“No tuve fuerzas para contestarle así que la abracé y lloré en su hombro.


......

Si te gustó, postea y exígeme subir el cuarto.


martes 15 de septiembre de 2009

El Segundo Capítulo

Lo que me gusta de este mundo es que nunca sabes qué podrás encontrar. Así bien, ahora les doy a leer el segundo capítulo en borrador de "Tania y el extraño mundo de la calavera". Sigo editándolo, a tropezones, gracias al trabajo y centenas de proyectos entre dibujos y cuentos...pero bueno, algún día.
Tan sólo espero verlo ALGÚN DÍA en la vitrina de una librería.


-Diario Dos-
Ella, la chica nueva


Es tiempo de comenzar en serio con esto si es que quiero terminar pronto. A eso del tercer día de clases, ingresó a nuestra sala una chica de lo más extraña. Tenía el cabello morado, bien oscuro. Los ojos grandes y púrpuras y la piel un poco más blanca que la mía. Puede que eso no sea para tanto, pero el hecho que parte de su cabello tapara la mitad de su cara, en especial su ojo derecho, era de notar. Además que usaba un pinche de un cráneo muy bien hecho. Su mirada no mostraba ni la más rebuscada expresión y sentía algo de ella. Algo extraño que me era muy difícil de explicar en ese entonces.
- Es gótica – me dijo Amalia – La chica nueva es gótica.
- Parece serlo, pero no creo que lo sea en extremo.
- Si, no tiene cara de extremista. Pero el hecho que tenga ese color de cabello y ese color de ojos.
- Pueden se heredados – la interrumpí – como los míos.
- Es posible, pero esa calavera en su pelo llama mucho la atención.
La profesora pidió el habla y la presentó ante el curso.
- Ella es Nadia Espectre y será desde ahora su nueva compañera de clases.
La chica saludo con una sonrisa. Parecía agradable y ser una buena persona. Nadie se dio cuenta ni ese día ni nunca de lo que en realidad era.
- Ve a sentarte, Nadia. – le ordenó, amablemente la profesora – Después tendrás tiempo de familiarizarte con las demás. Ahora estamos muy atrasadas en la materia y no tenemos tiempo que perder.
Se dirigió a un puesto vacío no muy atrás de mí y se sentó. Las chicas que la rodeaban no tardaron en dirigirle la palabra con simpatía, pero la profesora les ordenó que se callaran. Parecía estar molesta ese día, pero su profesionalismo ocultaba tal emoción y siguió con la clase.
- Es hora – comenzó a decir – Ahora escriban lo que les dictaré. Serán como unas cuatro hojas aproximadamente las que llenarán hoy y seguiremos la próxima clase.
Los lamentos y rezongas de algunas se hicieron notar y Amalia no las dejó atrás. A la profesora se le dibujó una vena en la frente y las hizo callar forzosamente. Era de esperarse que Amalia fuera una dura luchadora y, gracias a ella, la profesora nos castigó con una tarea de cinco hojas para mañana. Como eso no le simpatizó de ninguna manera a nuestra loca amiga, de inmediato comenzó a decir palabrotas que pudieron empeorar la situación si yo no le hubiera tapado la boca a la fuerza, junto a otras tres compañeras que me prestaron ayuda. Fue así que dejamos a la muy necia amarrada en su silla, con la boca tapada y sólo con una mano libre para que pudiera escribir lo que la profesora dictaba.

Cuando salimos al recreo, todas mis compañeras fueron tras de la chica nueva. No es que ella fuera popular entre todas, sino que era una tradición en nuestro colegio el saludar y conocer a fondo a cualquier persona, aunque esta fuera un plomazo contigo. Ella se veía sonriente y muy feliz. Yo no conocía muy bien a los góticos, pero a los que había tenido la oportunidad de ver los había encontrado raros y extremistas en el uso del color negro. Ella no se veía así, ni siquiera sabía si era gótica como Amalia indicó, pero una atmósfera de curiosidad me llegaba cuando la miraba y quería conocerla. No sé, tal vez ser amigas, como finalmente sucedió.
Como era el primer recreo, no me preocupé mucho por hablar por primera vez con ella, aunque me hubiera gustado. Las demás chicas la rodeaban y hablaban entre sí. Era una jaula de cotorras. Amalia permaneció al lado mío y estábamos sentadas bajo un árbol. Ella estaba comiendo un sandwich de queso, mantequilla y jamón mientras yo estaba entretenida masticando una pera.
- ¿Qfé estáf mifando, Fania? – me preguntó con el menjurje en su boca.
- Trágate eso y luego habla – le ordené.
Como si hubiera tragado un camión, su garganta emanó un singular sonido.
- Ahora sí, ¿Qué estás mirando?
- A la chica nueva - le señalé – Debe de estar cansada de parlotear tanto con todas ellas y, como es nueva, debe de ser un poco tímida para comunicarse.
- Pues yo no lo veo así. Parece que Nadia se está llevando muy bien con todas.
- ¿Crees eso?
Ella no contestó y se quedó completamente quieta masticando lentamente su sandwich. Escupió de pronto lo que tenía en la boca y se levantó estrepitosamente.
- ¡Eso es! – exclamó – ella tiene la misma terminación en su nombre que nosotras. Por lo que debemos reclutarla en nuestro círculo de amistades – me dijo palmoteando mi espalda y provocando que escupiera lo que estaba comiendo – En el segundo recreo actuaremos. Pero no pudimos hacer nada porque aún no se despegaba de las demás mujeres. Amalia estaba a punto de explotar, pero la reconforté diciéndole que esperáramos hasta la hora de salida y así poder hablar más tranquilamente con Nadia. Ella aceptó aquella idea, un tanto enojada. Por otro lado, yo estaba aliviada de que no hiciera otra escena como en el local de videojuegos.

Al salir de clases, Amalia me sujetó de mi brazo que aún tenía las marcas de la otra noche y me obligó a correr detrás de ella.
- La vi voltear por aquí – me decía en el camino – Estaba sola así que es nuestra oportunidad, ¡Vamos, apúrate!
Prácticamente no era necesario porque ella literalmente me llevaba volando detrás de sí como siempre ha sido desde que la conocí. Siempre me ha hecho volar detrás de ella. Cuando estábamos en primero básico, ella me pidió que conociera su casa; accedí con la petición de que llegáramos temprano para que yo pudiera llamar a mi mamá para que no se preocupara. Se lo debió de haber tomado muy en serio porque el trayecto que a paso normal y calmado dura veinte minutos, con su gran velocidad y fuerza de piernas, llegamos en tres minutos. Cuando se detuvo yo estaba tan despeinada como cuando despierto cada mañana o incluso más.
Me llevó por aquel pasaje donde la vio virar y la encontramos caminado ya por la mitad. Iba tranquila cargando su mochila de color morado y silbando.
- ¡Espera! – le gritó Amalia.
Nadia volteó y se sobresaltó al ver a Amalia correr tan ferozmente y a mí volar a sus espaldas. Sin pensarlo dos veces y tan rápida como pudo, corrió escapando de nosotras.
- ¡Espera, te digo! – le ordenaba Amalia.
- ¡Ya déjenme tranquila! – nos pidió ella.
Esa era sin duda una estúpida forma de romper el hielo con otra persona. Corrió y yo volé detrás de Nadia que cada vez iba más y más rápido. Dimos alrededor de quince vueltas por los alrededores y ninguna de las dos parecía estar cansada. Amalia corriendo como fiera tras su presa y Nadia huyendo por su vida. Se nota que la asustamos al llegar así frente a ella. De tanta carrera, terminé mareada.
- ¡Ahora verás! – exclamó Amalia.
Y tenía razón. De pronto sus piernas se movieron tan rápido como el sonido y alcanzó a sujetar a Nadia por la camisa. Como iba a mucha velocidad, perdió el equilibrio al agarrarla y las tres caímos y rodamos sobre el pasto.
Nadia quedó tumbada boca arriba, jadeaba por la carrera y estaba un poco asustada.
- ¿Q-qué quieren? – nos preguntó al recuperar el aliento.
Amalia se arrastró y se posó sobre ella. Su sonrisa hacía pensar que haría algo criminal. Se mostraba malévola y tenía los ojos firmemente abiertos con ambas cejas juntas sobre su nariz y arqueadas, como si fuera un dibujo del animé japonés. La sujetó fuertemente a los brazos y poco a poco acercaba su cara. Nadia estaba realmente asustada y a punto de gritar de histeria. Yo, mientras, me quitaba el pasto de la boca y trataba de ponerme en pie. Me aproximé a Nadia haciéndole el gran favor de quitarle a Amalia de encima. Lo hice con gusto y con mi pie. Una vez Amalia estuvo tendida boca abajo en el pasto sin cambiar su expresión facial, ayudé a Nadia a ponerse de pie.
- Gracias.
- Tania – le dije – Yo soy Tania y no te molestes en presentarte, Nadia. ¡Ah, sí! Y ella es Amalia. Encantada de conocerte.
- Bueno, otra vez gracias, Tania.
- No hay porqué darlas. – le respondí mientras ayudaba a Amalia a pararse.
- ¿Por qué me estaban persiguiendo?
- Queríamos conocerte – le contesté – Es que no tuvimos oportunidad en los recreos ya que estuviste siempre rodeada de cotorras.
- Sí, es verdad. Me hubiera gustado poder sacármelas de encima. No estoy acostumbrada a recibir tanta atención de los demás.
Su cara se tornó tranquila y amistosa de pronto. Me dio gusto de estar allí hablando por primera vez con ella.
Amalia, en cambio, se acercó a ella y comenzó a estudiarla como si fuera un espécimen de laboratorio. La rodeaba y la observaba detenidamente con la mano en el mentón. Le olfateó el cabello y la ropa.
- Ella…¿Qué tiene? – preguntó mientras Amalia le lamía una mejilla.
- Siempre es así. Te acostumbrarás una vez que la conozcas.
Amalia cerró sus ojos y puso una seria expresión. Caminó hacia mi lado con los brazos cruzados y se quedó allí un breve momento.
- ¡Es perfecta! – dijo - ¡Puede ser amiga de nosotras!
- ¿Qué? – exclamó Nadia atónita
- ¡Bienvenida al clan! – le dijo sujetando su hombro - ¡El grupo de las terminadas en “ia”!, ¡Sí, tenemos otra miembro!
Mientras ella saltaba de felicidad ante la expectación estupefacta de nosotras, yo explicaba a Nadia lo que en realidad quiso decir Amalia. Lo tomó mejor de lo que esperaba y aceptó con gusto nuestra ofrenda de amistad.
- Sí, por supuesto. Me encantaría ser amiga de ustedes.
- ¡Qué bueno! – exclamé – Pero te advierto sólo una cosa – me acerqué a su oído y le susurré - ¡Nunca hagas enojar a Amalia!
Ni siquiera preguntó por qué. Debe haber comprendido de inmediato cómo es cuando se enoja en serio. Era obvio, después de haber visto y sentido en carne propia su extraña y explosiva personalidad.
- ¡Como sea! ¿Por qué tienes el cabello tapando así tu ojo?
Ella cambió radicalmente de expresión con aquella pregunta. Su cara se tornó muy seria y sus ojos reflejaban una tristeza acumulada.
- Es muy temprano para que sepas eso – me contestó sonriente - ¿No crees que es hora de almorzar?
Cambió abruptamente el tema, pero no quise insistir…por ahora.
- ¿Qué les parece si te invito a comer?
- Por mí encantada, gracias.
- ¿Y tú, Amalia, quieres acompañarnos a almorzar?
Ella paró de correr y respondió opacada por todo el polvo que levantó.
- ¡Sí!
- Pues vamos a mi casa – dijo Nadia acomodándose la mochila en la espalda –. No queda muy lejos de aquí.


Nos llevó a una villa de casas de dos pisos muy bien construidas y bien bonitas. Según me contó Nadia, estas casas no tienen más de tres años y que cuando recién se construyeron su precio era de cuatro millones de pesos, pero que ahora su precio se elevó hasta los veinte millones. No era para tanto, no tenían esqueleto de oro o de plata para que costaran veinte palos, pero así es como funciona el negocio inmobiliario y yo no me meto con la mente jodida de los empresarios. En fin, cada una de las casa tenía una fachada diferente. Color, plantas o completamente cubierta de cemento o cerámica. En algunas la vegetación era abundante y en otras, tan precarias como calle del centro. Su casa estaba a la vuelta de tres pasajes. Se entra por la arteria principal, se dobla hacia la derecha en el penúltimo pasaje. Luego a la mitad de éste, virar a la izquierda y se llega a una pequeña plaza, donde se la atraviesa diagonalmente para seguir derecho por un pasaje que empieza justo allí. Se camina para adentro unos dos o tres minutos hasta llegar a una casa con plantas y cubierta de cerámica en el antejardín. De color amarillo y la puerta y los marcos de las ventanas de color púrpura. Tenía a un costado un árbol tan grande que una de sus ramas cubría la casa en un costado. Había un vehículo, más bien un furgón.
- Esta es – nos indicó para que Amalia dejara de rezongar.
Tocó la puerta y fuimos recibidas por una mujer de pelo castaño tan largo como el de Amalia y de ojos del mismo color. Era alta y daba la impresión de ser muy madura, demasiado. Su cara aún conservaba las líneas de la juventud, aunque su mirada decía lo contrario. Estaba de buen humor cuando nos recibió y nos saludó a cada una con una sonrisa. Al entrar, nos ofreció un poco de jugo de naranja y, al asentimiento de todas, se perdió de vista en la cocina.
- Tu madre parece ser buena gente. – le comenté a Nadia.
- No lo parece, lo es. – me afirmó Nadia. Yo no sé porqué dentro y muy escondido en aquellas palabras se hallaba una profunda tristeza.
Su madre volvió al breve instante trayendo una bandeja con cuatro vasos llenos de jugo de naranja.
- Aquí tienen, niñas – dijo dejando la bandeja sobre la mesa de centro – Sírvanse a gusto.
Prendió la radio con un vaso de jugo en la mano y colocó el disco que Nadia le indicó de la pila que estaba a un costado del equipo. Parecía un centenar a simple vista.
- Es una colección de toda una vida en música del cine – nos explicaba Nadia – Tenemos desde películas de Chaplin hasta los últimos estrenos de este año. Mis favoritos son las bandas sonoras compuestas por Danny Elfman en las películas de Tim Burton. Sobre todo la que compuso para The nightmare before christmas, o como le pusieron aquí, El extraño mundo de Jack.
- Sí, también vi y me gusto mucho esa película – agregué - ¿Cuál estamos escuchando entonces? Me parece conocida.
- Es de la película El joven manos de tijera, también de Tim Burton.
- Como que te gusta ese director de cine.
- Sí. No sé que sería de mí si no viera sus películas.
Yo apenas llevaba unos sorbos bebidos al igual que Nadia, pero en cambio Amalia se saboreaba los labios porque se lo tomó todo de una sentada. ¿Cómo será cuando empiece a beber alcohol si sigue tomando de esa manera?
- ¿Quieres más? – le preguntó la señora.
- Sí, gracias. – respondió ella entregándole el vaso vacío.
Ya sintiéndome en confianza comencé a hacer un recorrido visual por la casa. Me sorprendió más que la colección de música la enorme cantidad de libros que tenían. Había tres bibliotecas en la casa y todas estaban repletas. Libros de cubiertas muy rústicas, antiguas, modernas y otros sin portada que lo proteja. Algunos, que parecían ser más importantes que el resto, estaban dentro de unas cajas de plástico transparente y cerrado con llave. Antes había visto colecciones grandes, pero nunca como la que estaba presenciando ahora, y los dueños de ellos no los habían leído todos, pero en eso estaban, según me decían.
- ¡Qué enorme cantidad de libros! – comenté - ¿Los has leído todos?
- ¡Ojalá! – me contestó – Sólo he leído unos veinte. Mi padre es el que los ha leído todos esos y los que están guardados en el ático.
- ¿Cómo? ¿O sea que hay más?
- Sí. Como unos mil más, creo.
Eso sí que era increíble y más aún el hecho de que su padre los haya leído todos. Yo contabilizaba al ojo unos cuatro mil libros en aquellas bibliotecas.
- ¡Nadia!, ¡Hija, has llegado y no me avisaste! – exclamó una voz detrás de mí.
- ¡Ah! Hola, papá.
Me volteé y vi a un hombre no muy viejo, parecía ser de cuarenta años más o menos, con unas cuantas canas en su cabello de color negro. Sonriente y de mirada tranquila iba sentado en una silla de ruedas. Algo peculiar era que tenía el mismo color de ojos que Nadia, aunque eso no era sorpresa ya que él era su padre.
- Hola, señor. – saludé estrechando su mano que el me extendió.
- Nadia, para la próxima avísame que vas a traer amigas de visita a la casa. Sabes que me gusta recibir a la gente como se merece.
- Claro, papá. Lo haré para la próxima.
- ¿Cómo te llamas, niña de ojos rosados? – me preguntó con una cándida sonrisa.
- Tania, señor. Y ella – apunté a Amalia – es Amalia.
- Buenas tardes, caballero – saludó ella – Gracias por esta agradable hospitalidad suya.
Además de loca, siempre ha sido una chupamedias.
- De nada – respondió él – Ahora, si me disculpan, tengo trabajo importante que hacer y estoy un poco atrasado.
- Demasiado, diría yo – dijo su esposa trayendo el jugo para Amalia – Tenías que haberlo terminado hace dos días.
- ¡Lo sé, lo sé! – exclamó un poco molesto – Por favor no hagas una escena con invitadas aquí. Es desagradable para todos.
Se largó ha una habitación cercana seguido de su mujer que le ayudó a movilizarse.
- No quiero parecer entrometida, pero ¿Cuál es la profesión de tu papá?
- Es escritor y novelista.
- ¿En serio?, ¡Vaya!, ¿Y que libros ha escrito?
- Un tercio de aquella biblioteca son obras de él.
- ¿Todas esas? Pero si son como unos trescientos libros.
- Sí. Es que desde que está en silla de ruedas tiene mucho tiempo para escribir.
- Me imagino que debe de ser famoso internacionalmente.
- Gracias a mi madre. Ella se ha encargado de editar sus obras y distribuirlas por todos lados, haciendo en conjunto la publicidad.
Yo había terminado de tomar el jugo y Amalia ya se había zambullido su segundo vaso. Nadia dejó el suyo sobre la mesa y se dirigió a la cocina.
- Me pregunto a qué hora darán el almuerzo. – murmuró Amalia masajeando su abdomen – Tengo demasiada hambre.
- Tanta como para comerte la mesa, ¿No? – agregué – Deberías ser un poco más paciente, Amalia. Nosotras estamos aquí invitadas por alguien que recién conocemos, por lo que debemos causar una buena impresión.
Esperando allí en la sala y para calmar mi curiosidad, me dirigí a una de las bibliotecas. Era la que Nadia me había señalado y que tenía los libros de su padre. Noté al instante cuales eran aquellos libros por su cubierta que no parecían tener antigüedad. Eso si los comparo con los que estaban adjuntos que, por el olor y portada, concluí que eran ediciones de más de cincuenta años. Uno de tantos me llamó particularmente la atención por su color negro y letras moradas en el lomo. Se llamaba: “Relámpagos de noche oscura”, y estaba firmado por el padre de Nadia; Tomás Espectre. Leí el primer capítulo con mucha atención. Esas palabras, tan fuertes, profundas y misteriosas, cayeron muy adentro de mí. Era como si alguien más en la sala me hablara nítidamente al oído. Susurrando suavemente y transportándome hacia otro espacio y tiempo.

“¿Se habrán dado cuenta de la naturaleza de los relámpagos? Si es así, comprenderán cómo los siento dentro de mí. Es como una persona: impredecible, hermosa y mortal. Nunca sabes cómo reaccionará alguien que no conoces. No sabes qué dirá, qué hará o incluso y más desconocido aún: qué piensa. Lo único que ves es un cuadro de ella. Una imagen impresionista que te dice sólo lo que logras interpretar. Pero una pintura siempre guarda en sus ya secas pinceladas un mensaje, una historia, un secreto que no todos pueden ver o escuchar. Las personas son exactamente iguales, pero su diferencia radica en que una persona…traiciona.”

Eso era el primer párrafo, no se impacienten, el resto más tarde lo leerán. No me di ni cuenta cuando Nadia volvió y me sacó de mi baño de imaginación.
- La comida está lista, Tania. – me dijo – No querrás dejarla enfriar, mi madre no te lo perdonaría jamás.
- ¡Sí, comida! – exclamó Amalia corriendo hacia la cocina - ¡A comer se ha dicho!
La mesa estaba pasando la cocina en otra habitación, la cual era una ampliación utilizada como comedor. Todos los platos tenían lo mismo: carne de hígado con ensalada de lechuga con papas.
¿Alguna vez has leído o has escuchado hablar sobre el manual de Carreño? Si el caso es afirmativo, sabrás una que otra cosa sobre modales en la mesa, ¿No? Pues, si eres fanático de aquellos temas, te habrían dado ganas de golpear a Amalia. Apenas nos sentamos en la mesa, ella tomó el tenedor y comió como fiera muerta de hambre. Bebió unos tres vasos de bebida al seco y, por suerte, aguantó unos eructos. Yo me cubría la cara sintiendo vergüenza ajena mientras la familia de Nadia la miraba incrédula.
- ¡Muy rica su comida, señora!, ¡Gracias! – dijo limpiándose la boca con una servilleta.
- No hay porqué darlas, Amalia – contestó la madre de Nadia sosteniendo el tenedor con un trozo de carne ensartada. Todos han estado iguales, con el tenedor en su mano sin probar bocado todavía.
- Por cierto – incité para que dejaran de ver a Amalia – Estuve viendo esa enorme colección de libros que tienen y quedé encantada por la diversidad de ejemplares, sobre todo con los que ha escrito usted, señor Espectre.
- Ya veo – dijo él – Te lo agradezco, Tania. ¿Te interesó uno en particular?
- Sí, señor Espectre. El que se llama Relámpagos de noche oscura.
El dibujó en su rostro una sonrisa apagada con aquella respuesta.
- Tienes buen gusto – pronunció al fin -. Ese fue el primer libro que escribí y el séptimo en publicarse. No sé que le encontraron de malo en la casa editorial, según mi propia hija y esposa, es excelente.
- Tu conoces a mi jefe cariño – agregó su esposa – y sabes cómo es con el material nuevo que recibe. Según me dijo, con esa cara tan seria que tiene: - y antes de proseguir, ella junto sus manos en su mentón e hizo una mueca de viejo cascarrabias – Ese libro es demasiado sádico y muy fuerte de contenido para la gente. Si quiere que lo publique, deberá alterarlo profundamente. Dile que la historia está bien, pero su forma de narrar es muy oscura y tú sabes que no me gusta ese estilo de narrativa.
- Pero de igual manera tú lo publicaste sin que el viejo se enterara.
- Así es, querido. Y en apenas tres días después de haber salido a la venta, se convirtió en un Best Seller y fue aclamado por el público y los críticos internacionales.
- Si quieres te lo puedo prestar, Tania.
- Me encantaría, señor. Gracias.
En verdad esperaba que llegáramos a esa parte de la conversación. Evidentemente Amalia casi no pronunció palabra durante esta visita porque ella siempre me deja ese trabajo a mí. Ella tiende a actuar tal como es cuando la atmósfera comienza a serle más familiar y confiable. Pienso que debe de tener miedo a que los demás la rechacen debido a su extraña personalidad y por eso se queda tan tranquila y callada cuando está con gente que no conoce.

Eran como las seis de la tarde cuando salimos de casa de Nadia. Nos despedimos de ella y sus padres y le dijimos que desde mañana nos juntáramos en los recreos todos los días. Como lo pensé, aceptó. Caminaba mirando el libro que me prestó el señor Espectre en mis manos. Amalia corría alrededor mío en círculos como si pretendiera volar. Fue así que me acordé como si un rayo me hubiera cruzado la cabeza.
- Amalia, ¿Le avisaste a tus padres dónde estabas?
Ella se detuvo en seco con los brazos extendidos. Ambas sentimos lo mismo al mismo tiempo. Entonces sin perder ni un segundo más, corrimos cada una por su camino hasta la casa. Era de esperarse que Amalia llegara primera a su casa, pero ustedes saben que en situaciones de peligro, cuando el cuerpo está en alerta o cuando uno tiene un miedo extremo, las glándulas suprarrenales segregan adrenalina, y gracias a esta hormona me demoré tan sólo cinco minutos en llegar a mi casa, sin aliento y desmayarme en la puerta.
Me despertó mi hermano arrojándome agua helada en la cara.
- A la hora que vienes llegando, Tania – dijo muy serio -. Tú sabes lo frenéticos que se ponen nuestros padres cuando haces cosas como ésta.
- No te metas – le dije entrando en la casa. Pensaba que estaba a salvo porque mis padres habían tenido que salir ese día por un asunto entre mi hermano y la dirección de su colegio. Según mis diarios, esa llamada a los padres era un nuevo record para él que apenas comenzó las clases ayer.
- ¡Tania!, ¡Se me olvidó decirte una cosa, Tania! – me gritaba mi hermano desde fuera.
- ¿Qué cosa? – le pregunté con el aliento seco que tenía de tanto correr.
- Cambiaron para mañana la citación para nuestros padres a mi colegio, Tania, por lo que ahora están aquí.
Sentí el hedor a tabaco entrar poco a poco por mi nariz. El olor a alcohol me erizaba los cabellos y con sólo oír aquellas voces, sentía que mi mundo se acababa tan rápido como un suspiro.
- ¡Tania!, ¿Dónde has estado, caramba?, ¡Estábamos muy preocupados por ti! – y más bla, bla, bla. Mientras caía al piso poco a poco y apoyada en la puerta, ellos no dejaban de retarme.


***********

Lalalalalala...así va la cosa. Pero ahora, lectores bloggeros, tengo unas preguntas para ustedes que tuvieron la enorme paciencia de leer esto (agradecido estoy):

1- A pesar de que dejé claro la edad de Tania, ¿se asemeja al "yo narrador"?
2- Saben que Tania narra todo esto, pero ¿hay femeneidad en el relato, en las palabras? (no piensen en doble sentido, me refiero a que si se nota que la "voz narradora" es una niña).
3- ¿Qué alterarías, mejorarías, quitarías, etc? (cualquier consejo sirve a la hora de editar).

Si leyeron y respondieron, muchas gracias. Si les gusto, avisen y subo el tercer capítulo en borrador...


(¡Oh! Interesante....)


See ya!!

sábado 22 de agosto de 2009

Avatar

Ayer tuve la oportunidad de ir a ver un adelanto de 20 minutos en 3D de la nueva película de James Cameron (Terminator, Titanic) "Avatar". Tan sólo a partir de ayer se dieron a conocer detalles de la trama por internet y en los diarios, todo gracias a este evento mundial y, en parte, casi VIP.
Pero, ¿qué es Avatar en primer lugar? Si piensas en "Avatar: The Last Airbender", con Aang, Katara y compañia en su genial aventura puedes olvidarlo (no obstante la adaptación al cine de la serie llega el 2010) ya que esta película es muy diferente. Tanto que parece "Dance With Wolves" 200 años en el futuro. Netamente si, es como un western intergalactico donde predominan los típicos legendarios de Hollywood, no obstante causa atracción desde la primera escena por su atmósfera y contenido visual (obligación verla en 3D).
Como dije, la historia es simple. En un futuro distante, la humanidad planea colonizar un planeta desconocido habitado por peligrosos humanoides de 2.80 metros, azules y (en apariencia) salvajes. El ejército dispone entonces de un grupo de soldados de elite para llevar a cabo el proyecto AVATAR, consistente en traspasar la mente de cada soldado elegido dentro del cuerpo de un nativo azul. La misión es investigar la vida del planeta en cuestión y conocer a los nativos. Como tiene que pasar, Jake, un soldado antes discapacitado, se enamora poco a poco de una nativa y los ayuda en la defensa de su planeta.



Léase "Danza con Lobos", "Pocahontas", "1412: Conquista del Paraíso" o "La Misión", tiene de todo un poco, pero con el toque de James Cameron (ultra sci-fi) y en 3D.

La película se estrenará el 18 de diciembre en USA y el 17 de diciembre en Chile (¡Oh, sí!). Tendré que esperar a verla, mientras tanto debo relajarme con esos veinte minutos que vi ayer. A pesar de que veré algo con un final (casi) obvio, no deja de atraerme los efectos especiales que la película contiene.

PD: Igual la recomiendo.

Sin más, véanse el trailer estrenado ayer.



jueves 16 de julio de 2009

Coraline

La película lleva tiempo en el mercado y por Internet ya es fácil conseguirla, por lo que los trailers son innecesarios. Aún así, ¿qué más da seguir hablando de ella?

Hace tiempo el genial Neil Gaiman escribió una historia de terror infantil siguiendo su fundamento que decía: "no hay historias de terror decentes para niños" (¿verdad?). Si, al parecer. El libro es sútil, amigable, rápido y lleno de detalles que, no siendo descritos ni desarrollados en totalidad, logran hacer que la simple historia de una niña que cruza a otra dimensión sea tan dulce y curiosa como el nombre de la protagonista. Se dice que es una versión nueva de Alice In Wonderland, tal vez. Se nota que sigue los mismo puntos como pasar a realidades paralelas y de convivir con personajes excéntricos, pero quienes hemos leído ambos libros sabemos que ambas historias son independientes y poco comparables.
En detalle, y agradezco, el libro se limita a narrar hechos y no tantos malestares emocionales de Coraline (no tanto como un cuento de Poe), pero si esos detalles grotescos dan sabor a la historia y hace que no la sueltes hasta la última página.

Divertidamente, la historia no puede ser contada en otra forma que no sea animación.



Y así se hizo, desde luego.

La película corrió a cargo de Henry Selick, el mismo que dirigió The Nightmare Before Christmas, por ende también siguió la técnica stop-motion con ésta. "Coraline", la película, difiere en varios detalles respecto al libro, no obstante no deja de ser una historia atractiva, pesadillezca y cargada de emoción. Con una animación brillante y excelente diseño de personajes, esta es una película que da gusto tener en DVD original en casa (si es en 3D, mejor). No es necesario hablar del elenco ni nada más, la joya habla por si misma y encanta sin mirar al genio detrás de la obra (perfecto).

Mi opinión...ya la he visto 20 veces, con eso digo todo.

Un fan art hecho por su servidor.



Véanla...en 3D...cosance los ojos y saluden a su otra madre...(¿Botones? ¿Porqué tienes botones en los ojos?).

Links:
1- Fotos, fotos y más fotos (click aquí)
2- En IMDB
3- Página Oficial

PD: Tengo la versión 3D en DVD en mi poder (lo siento, pero quería escribir esta estupidez como posdata).

domingo 28 de junio de 2009

New Age Cartoons #8: Cartoon Network's Bizarrian World Animation

Nota: No traten de traducir el título, no tiene lógica (the title is illogic, please don't try to understand it).

Ha pasado más de un año desde mi último post y, para empezar, debo decir que no estaba muerto, pero sí preocupado de otras cosas: trabajo, dibujo, estudio, pintura, descanso y escritura. Apenas me daba tiempo de actualizar mi DA page: http://katrinaland.deviantart.com/ , pero bien, gracias a un inesperado mail, desenpolvé los añejados bits de este blog y comienzo a escribir de nuevo en él.

En fin, aquí el tema:

Hace un tiempo nada despreciable, Cartoon Network ha estado desarrollando unas series animadas que recatan los tópicos incoherentes de la época dorada de Nickelodeon y que hacen referencia a un abdurdo e originalidad más que aplaudible. A mi parecer mezclaron a Chuck Palahniuk, Clive Barker, Brad Bird, Matt Groening, Tex Avery y Chris Sanders para realizar las siguientes series:

Chowder

Una fusión de gato, oso, mapache y...ya ni se me ocurre. Tal como se ve, Chowder es un animal exótico nacido de la mente de C. H. Greenblatt. La trama es simple: Chowder es un aprendiz de cocinero del legendario chef Mungg Daal que sueña con convertirse en chef profecional. En sus aventuras convive con una gama de personajes extravagantes y divertidos en su forma: Shnitzel (ayudante de Mung Daal), Trufa (esposa de Mung Daal), Panini ("novia" de Chowder), Gazpacho (amigo de Chowder), Ms. Envidia (maestra cocinera de Panini) y un largo etc.
Siguiendo la línea de "Ratatouille", Chowder convierte el cocinar en algo fuera de serie. Cocinan con ingredientes impensados e inesperados en cada capítulo, por ello la serie está repleta de imaginación. En si, una maestría culinaria.

PD: Me encanta las escenas con animación en stop-motion y la caricatura de Dios malhumorado que salen a veces.


The Marvelous Misadventures of Flapjack

Al estilo de "Piratas del Caribe", Flapjack es un joven marinero que desea a toda costa vivir grandes aventuras en la búsqueda frustrada de la Isla Acaramelada. Le "ayuda" el funesto capitan Nudillos y su alegre amiga-madre, la ballena Bubbie (cosa que recuerda muchas historias de altamar como Jonás y Moby Dick).
La trama principal gira en los intentos malogrados del capitán Nudillos y de Flapjack para llegar a la Isla Acaramelada y/o conseguir caramelos gratis. Los episodios son bastante bizarros e impredecibles que, junto con una atmósfera densa y oscura, convierten en esta serie en animación de culto.
En otras palabras, es Bob Esponja en versión grotesca.

PD: También posee escenas en stop-motion y otras con bastante crudesa visual (el barbero-cirujano por ejemplo). Y, si notaron y saben, el nombre de la ballena, Bubbie, suena muy parecido a otra palabra en inglés que es empleada en películas eroticas... :o


Total Drama Island

Al fin un reality show que puedo ver sin dormirme a los tres minutos. ¿Será porque es animado? Tal vez. Esta serie se basa en bastantes reality shows que saturo este post de sólo mencionarlos y recoge lo "mejor" (si es que hay algo bueno de ellos) para elaborar los capítulos. En si, la mezcla queda en algo bastante bueno que logra mantenerte en la silla durante los 20 minutos de duración. Todo un logro para un reality. Y como tal, la trama es lograr que un concursante gane un codiciado y desconocido premio (la lista de ganadores ronda por la red).
La serie presenta los típicos dramas juveniles junto con retos estúpidos de eliminación. Recomendable.

PD: Ahora puedo decir con toda tranquilidad que el terminó "reality" no existe en programas así puesto que se basan en un guión para trabajar.


Hasta aquí las series que vale la pena mencionar. Las demás como Ben 10 y Ben 10: Alien Force tienen una línea argumental tan básica que no tiene sentido agregar aquí. La serie será buena (pero no para mi), pero la acción presente en ella se basa en la realidad...nada impresionante.

PD: ¿Me falta Foster's Home For Imaginary Friends? No es así, lo que pasa es que esa serie no necesita presentación...aunque ahora la calidad de sus episodios está disminuyendo, lástima.

Próximamente: Una vuelta por el mundo de Coraline...

sábado 24 de mayo de 2008

New Age Cartoons #7: Dennou Coil

¿Han cobrado vida las mascotas virtuales o sólo es una ilusión más de la Matrix? Hermanos Wachowski sientanse honrados o asustados porque ahora la industria nipón de animación trae la serie Dennou Coil, una de las mejores del último tiempo (según mi humilde opinición) y contiene las tres máximas que me encantan de las series de todo tipo (y que espero de todas):

1ª: No deben tener vacios argumentales.
2ª: No deben ser largas en exceso.
3ª: Cada capítulo debe tratarse como el último y ligar con el siguiente.

Dennou Coil cumple en sus 26 capítulos estas máximas y, adicional, pone un audaz montaje, buen dibujo y animación, con una historia tan original como atrapante (ya que uno parte viendo los primeros 3 capítulos para saber qué mierda ocurre y los porqué de todo - típico).



Ahora, el argumento: Corre el año 2026 y ya el mundo virtual se mezclo con el mundo real. Yasako se muda con su familia a la ciudad de Daikoku, donde vive su abuela. Al llegar su mascota (un perro virtual) se pierde y encuentra una chica con artefactos extraños que la ayuda a encontrarla. Una vez capturado, Yasako se une por orden de su abuela a una agencia de búsqueda de mascotas virtuales. En su nuevo colegio, Yasako descubre que existen más grupos similares con diferentes motivos.
En ello llega una nueva alumna llamada Yasako - màs ruda y mítica que la anterior - y sorprende por su habilidad con los lentes virtules. Así, poco a poco, deben juntar dinero virtual y averiguar el origen de la nueva Yasako. Pero más importante, escapar del antivirus y programar el gran hueco virtual de Daikaku...

Para más, veanla...
Descargar (hay que registrarse primero)

jueves 28 de febrero de 2008

"Elegí una pega - Pollo" (Whatever)

Una semana atrás...aún hacía calor....y durante el día me llamaron de una pega en un Call Center. La empresa es DTS y se encarga de contratar personal destinado a lanzar a los leones o ser carne de cañón, en si para dar la cara, por la empresa Telmex, en su servicio Telmex TV.
Sólo digamos que somos como 40 técnicos de soporte telefónico y que recibimos alrededor de 30 llamadas diarias por quejas y reclamos....con eso se dice todo.

Pero si de elegir trabajo se trata hay algunos para vanagloriarse y otros para sufrir. Los que se vanaglorian tienen más pitutos que pelos en la cabeza y el resto somos "el resto". Somos los que saturamos el metro en la mañana y soportamos a 10 jefes diferentes, mañosos, mejor pagados y vagos.

La pega que me gustaría es de director de cine. Me importaría una mierda si no gano $$$ en un año o si vivo en la calle, sería feliz como director.



O ser un barbero asesino....eso no estaría mal. Me pagarían por matarlos, XD.

Ahí se ven.

sábado 2 de febrero de 2008

El Séptimo Vicho

El salón del Séptimo Vicho les recomienda ver la última película de Sean Penn como director, me refiero a "Into The Wild". La película ni hablar de su fecha de estreno, se pospone como cambios al Transantiago, y en Internet está pero en calida de cine. Por lo que no tengo crítica para este film.

Sin embargo, os recomienco ver (de manera personal) cualquier o todos los filmes que siguen:

1- No Country For Old Men (Dir:Ethan & Joel Coen, 2007): Excelente película con increíbles actuaciones, sobre todo la de Javier Berdam. Nunca he visto un asesino más frío e impredecible en una película.

2- Before The Devil Knows You're Dead (Dir: Sidney Lummet, 2007): Crudo drama social donde se ve hasta que punto es capaz de caer una persona. Véanlo con ganas de sentir plomo en el pecho.

3- Bridge To Terabithia (Dir: Gabor Csupo, 2007): Encantador y mágico film con un tema ahora muy usado pero que satisface en esta puesta en escena tenaz y brutal. Pocos efectos pero mucho contenido.

4- 1408 (Dir: Mikael Håfström, 2007): Entretenido y bien montajeado film de terror basado en un pobre cuento (en serio) de Stephen King.

5- Fargo (Dir: Joel Coen, 1995): Un clásico brutal de los Coen. Imperdible.

6- Tideland (Dir: Terry Gilliam, 2005): Extraño film de fantasia donde la muerte y la repugnancia es puro juego.

7- Futurama: Bender's Big Score (Dir: Dwayne Carey-Hill, 2007): Futurama ha vuelto para completar una saga de 4 películas con historia propia. Esta es la primera y no llegará al cine. Búsquenla en Internet.

Esas por ahora. Quiero ver un buen resto que bajé, además del estreno de Sweeney Todd.

Los leo luego.

viernes 30 de noviembre de 2007

Premiere primer capítulo

Porque ahora me dio la "###" quize compartir el primer capítulo del libro "Tania y el extraño mundo de la calavera" que escribí en febrero del 2005 y que ahora lo estoy editando. Por eso lean ahora le primer capítulo en borrador.


Yo y mi entorno


Fue difícil, lo sé, el hecho de haber traspasado los diarios de vida de hace cuatro años a un libro. Digo, haber construido, confeccionado y escrito una novela narrando todo tipo de aventuras y desventuras que viví a los doce años de edad. En fin, creo que me estoy adelantando demasiado, primero que nada yo soy Tania Zerrante y actualmente tengo dieciséis años. Así que, ¡Hola!
Para empezar, y no es que quiera ser latera pero esto es absolutamente necesario de decir, palabra por palabra. Como decía yo desde que tengo seis años estoy estudiando en el colegio Ezperanza, si con dos zetas, y queda exactamente…Bueno, eso no es importante. Lo que sí es verdaderamente importante fue lo que me sucedió cuando tenía doce años e iba cursando séptimo básico. No lo digo por lo que me haya pasado en colegio, eso del estudio, notas, profesores y esas cosas estaban en segunda mano si se quiere saber bien los acontecimientos. Se que al principio pueden parecer sacados de una serie de televisión extranjera y que yendo por el medio de la historia es parecido a una historia idealizada por algún cabro chico cualquiera por todo esa ficción de doble sentido y cosas increíbles que nunca han creído ver, pero os debo decir, con toda franqueza, que todo lo siguiente es ¡La pura verdad!
Ya me presenté formalmente y es hora de pasar a mi entorno personal. Me gusta el Jazz y el Blues, especialmente el primero, además de escribir, claro está. Tanto me gustan esos estilos musicales que mi padre me regaló a los diez años una armónica de las mejorcitas que se pudieran encontrar en ese tiempo y en apenas cinco días ya me podrían considerar como una experta principiante. Y es que me encariñé con ella, demasiado a ojos de los demás, pero soy igual que un roquero con su guitarra. Quiero a mi armónica, la considero como un tesoro. La única diferencia que tengo con un roquero con su instrumento es que el pobre diablo no puede transportarla a ningún lado si es que no la va a tocar. Yo en cambio la deposito en mi bolsillo trasero de mis pantalones cortos donde quiera que vaya.
Se me olvidaba decirles cómo soy físicamente. De partida, tengo la estatura normal de cualquier mujer de mi misma edad, pero en la historia mido como un metro cincuenta. Tengo el cabello rojo, pero de un tono claro. No es teñido, es heredado genéticamente de parte de mi bisabuela por parte de mi madre. Mis ojos son grandes y rosados, también heredados de la misma persona, y mi color de piel es blanca, pero no tanto. Digo que si me ven por la calle con una pared blanca como fondo, me podrán distinguir fácilmente. Mi pelo está largo, pero llega justo al medio de mi cuello y cuando no estoy peinada, mi cabeza parece una campana, por lo que debo usar un cintillo para peinármelo hacia atrás.
Mi familia es como…es diferente a mí por todos los aspectos. Yo soy pasiva y escucho música que va acorde con ello, pero mi padre, para empezar a describirlos, le encanta escuchar el rock pesado de la década de los setenta y ochenta. Pero no crean que lo escucha sentado en la comodidad de su sillón de cuero preferido, en realidad toma cualquier cosa que tenga a la vista y la transforma en guitarra eléctrica. Es como ver un concierto de Jimmy Hendrix y a la vez de Charlie García. Salta por toda la casa cantando a viva voz y tocando su guitarra de aire que finalizada la canción, la azota contra el piso que por suerte y a insistencia de mi madre está alfombrado. Mi padre se llama Alfredo y físicamente mide un metro ochenta, tiene los ojos amarillos y el pelo negro brillante, al igual que mi madre, mi hermano pequeño y único, mis abuelos maternos y paternos, tíos y tías, primos y primas. En fin, destaco en mi familia como un punto negro en un mantel blanco, como un tenista un partido de fútbol, como un bañista con traje de baño en playa nudista y así, así, así.
Mi madre es caso contrario a mi padre, sólo por la personalidad. Se llama Andrea y es extremadamente sarcástica, vanidosa y fumadora, muy fumadora. Junto a ella, Sandro fuma hierba mate una vez a la semana. Como mi padre que cuando no canta, bebe. Le encanta beber cuando llega del trabajo, pero no se emborracha fácilmente. Según sus amigos hacen falta una s siete botellas de litro y medio de cerveza para recién verlo tambalearse un poco y comenzar a ponerse cariñoso con los demás, que lo agarra a besos con su sofocante tufo. Como decía de mi madre fumadora, podía llevar simplemente el premio Guinness por su record de piteadas en un día. Fue en su cumpleaños de hace un año que junto a sus amigas se fumó unos sesenta cigarrillos, sin contar los que había consumido antes.
Hermanos hay muchos, pero como el mío ninguno, y por suerte no hay ninguno más. Es literalmente un pequeño demonio, si hasta cuando se peina, toma un poco de gel para el pelo y da forma sus cachos. Doy gracias porque él no se mete conmigo para efectuar sus hazañas, pero siento lástima por sus víctimas. Se llama Jacobo, sin cara de santo, y tiene ahora diez años. Su principal atractivo es que se toma todo lo que le dicen de manera literal. Cuando está en alguna prueba del colegio, por ejemplo, y cada vez que la profesora pide que hagan correr las pruebas para que las entreguen, él hace exactamente lo que ordenó la profesora. Dibuja y recorta dos piernas en la prueba y la hace correr. Por cosas así, es costumbre que mis padres vayan a hablar con la dirección tres veces a la semana a consecuencia de sus travesuras.

Pero mi familia no es la única relación humana que tengo. Además de mi perro labrador Poncho (mi madre le puso el nombre) que es constantemente el blanco número uno de los acosos y travesuras de mi hermano. Pero yo no me preocupo ya que siento un aire de inteligencia en Poncho y es tan astuto como él solo que logra evadir a mi hermano en la mayoría de las veces. Y si es que además de mi perrito de cinco años, tengo una amiga de mi misma edad que, diciéndolo francamente, está loca. Tiene el pelo de color azul de un tono oscuro y los ojos grandes y azules que hacen un buen juego con la ropa que siempre usa…de su mismo color de pelo y a veces más claros. Es una copia femenina de mi padre porque a ella también le gusta el rock, pero no el pesado. Tiene dos guitarras: una de aire y una electroacústica. Se llama Amalia Marín y actualmente es un poco más alta que yo por unos cinco o seis centímetros, pero eso no es novedad ya que siempre ha sido más alta que yo.
Además de la música rock, le encantan los deportes y siempre me está obligando a trotar una hora al día. Cada vez que salimos de vacaciones, me viene a buscar a mi casa a las ocho de la mañana para salir a correr. Entra a mi habitación, me ahoga arrojándome agua fría a la cara, me mete de cabeza y desnuda a la tina y ella misma me lava ya que yo aún estoy soñando. Luego me viste y me saca en brazos a la calle. Estando una vez afuera, me ahoga nuevamente con la manguera y es ahí recién donde despierto completamente.
- ¿Estás lista? ¿Sí? ¡Perfecto! – me dice jovialmente mientras yo se me seco el agua de mi cara con el ceño fruncido - ¡Vamos, muévete!
Así es ella, loca, desquiciada, deportista y muy buena amiga. Le encantan los juegos bruscos y tocar sus dos guitarras. Con ella a mi lado…no necesito enemigos.

La conocí cuando ingresé al colegio Ezperanza cuando tenía seis años y ambas entramos a primero básico. Por cierto este es un colegio sólo para mujeres. No sé que fijación tuvo en mí, pero desde el primer día me comenzó a hablar como si no fuera la gran cosa. Yo estaba sola sentada en el patio de recreo tarareando melodías de blues famosos cuando ella se me acercó.
- ¿Y tú? ¿Qué haces aquí tan sola? – me dijo rompiendo el hielo. Ni siquiera con un ¡hola! sino que fue directo al grano.
- Estoy esperando que termine el recreo – aún no se por qué, pero fue lo único que se me ocurrió en ese momento.
- ¡Ja! ¿En serio? ¿Cómo te llamas?
- Tania.
- Tania…Bueno, Tania, yo soy Amalia.
- Hol…
- ¡Qué divertido! – me interrumpió como siempre lo ha hecho desde ese día - ¡Nuestros nombres tienen la misma terminación: ia! ¡Yo soy ia y tú eres ia! Debemos formar un grupo exclusivo en donde sólo las “ia” estén allí. ¿Te suena? Te digo que seamos amigas desde ahora.
No tuve tiempo de decir nada ya que ella se alejó tan rápido como llegó y repitiendo a viva voz ia, ia ,ia, llamando la atención de todas las alumnas que estaban allí. Ahora ven por qué digo que tiene tornillos sueltos.


He recolectado mis diarios de cuando tenía doce años porque esos son los más extraños que alguien pueda leer y los he recopilado en una historia en primera persona ya que así es más fácil de narrar. En fin, todo comienza en Marzo del año mil novecientos noventa y cinco. El primer día de clases en todo el país y yo, junto a Amalia, me estaba preparando para comenzar el séptimo básico con todas las demás treinta compañeras de clase. Estábamos todas en la sala cuando entró la directora junto a una mujer joven, de más o menos veinticinco años, y novata en el ramo de educar. Nos levantamos de nuestros asientos, como era la costumbre y saludamos. La directora dio orden para sentarse y luego, afinó su garganta. Sus cincuenta años ya se notaban muy bien.
- Ella será su nueva profesora jefe, niñas. – dijo la directora – Se llama Verónica y espero que la traten bien…¡Por favor, háganlo esta vez! – nos rogó con las manos juntas y de rodillas. Esa dramática escena asustó a la nueva profesora jefe de forma que no pudo disimular la gota de sudor que le corrió por la espalda y, además, se podía percibir lo que pensaba. “¿En qué diablos me he metido?”. La directora observó la cara angustiada de ella y comenzó a reír entre dientes.
- No se preocupe – la reconfortó – Estás niñas son como pequeños angelitos y no le provocarán mayores problemas.
- ¿Por qué dijo eso? – preguntó manteniendo su profesionalidad y no dejando ver su cara de alivio.
- Es una broma que hago a todos los profesores nuevos. Es parte de una larga tradición.
Y se largó riendo por el pasillo. La profesora suspiraba mientras dejaba sus cosas en la mesa. Se notaba que estaba nerviosa, pero su educación de universidad se reflejaba en su máscara de calma y serenidad. Además tiene un diploma profesional que le daba más confianza. Abrió el libro de clases y antes de leer la lista de la clase, dijo:
- Bueno niñas, ya me presentaron como su profesora jefe de este año, pero además de eso, yo voy a enseñarles Castellano. Quiero que desde ahora nos llevemos en absoluta confianza y seamos como amigas. – dentro de lo que decía y viendo su expresión, podía escuchar subliminalmente: “Soy nueva y necesito ayuda de ustedes”. – Entonces después de pasar la lista, me gustaría que formáramos un círculo con las sillas y jugáramos al fósforo quemado. – “Si me dicen algo de ustedes, podré entenderlas mejor”. - ¿Estás de acuerdo? – “Por favor, digan que sí”.
- Sí, profesora. – respondimos al unísono sintiendo una mezcla de lástima y sentido de ayudarla. No sé que priorizó más, pero al final accedimos a su palabra. Después de pasar la lista, todas apilamos las mesas en la parte posterior de la sala e hicimos con las sillas un círculo dejando vacío el centro. Luego, la profesora sacó de su bolso una caja de fósforos. Tomó uno y cerró la caja.
- Esto consiste en que cada una tomara y encenderá un cerillo. Nos dirá a cada una de nosotras algo de sí mismas, una anécdota o simplemente se describirá cómo es mientras la llama siga ardiendo. Cuando se apague el fósforo, pasarán la caja a la siguiente persona y ésta hará lo mismo. No importa si ustedes saben todo de ustedes entre si; lo que me importa es saber cómo son en realidad.
La profesora encendió el fósforo que tenía en mano y comenzó a hablar.
- Yo soy Verónica Rodríguez y tengo veinticuatro años – y yo creía que tenía veinticinco años – Soy profesora de castellano recién salida de la universidad y me gustan mucho los animales… - no pudo más, el fósforo se consumió.
Le pasó la caja a quien continuaba a su derecha e hizo lo mismo. Primero fue Paula, luego Constanza, Francisca, Alejandra y otras cinco más hasta que le llegó el turno a Amalia que estaba sentada a mi lado. Al recibir la caja se puso de pie. Sacó un fósforo y antes de encenderlo, de su mochila extrajo una brocheta que servía como palillo para anticuchos. Prendió un fósforo y, a la vez, encendió aquella brocheta.
- Yo soy, quiero decir, me llaman Amalia Marín y tengo doce años. Me encanta la música rock y tocar la guitarra. Me fascinan los deportes y las competencias. Me aloca la ropa del mismo color de mis ojos o pelo y me gusta tener el pelo largo. – y tan largo que le llegaba a la mitad de la espalda. Miró la brocheta y recién se había consumido una quinta parte. - ¡Bien, como me queda tiempo les contaré una pequeña talla que me pasó el año pasado! Resulta que en el último día de clases y como es típico que nos tiramos huevos, harina, sal, pimienta, limones, aceite, cloro, aguas servidas, pintura y cosas así. Sólo faltaba revolver y quedaba la ensalada. En la salida del colegio yo ya estaba armada hasta los dientes como bien recordaran y…- no es que su forma de contar sea aburrida, pero es muy exagerada para relatar, por lo que yo la abordaré desde aquí hasta donde sea necesario y trataré de imitar su modo de narrar.
Eran como las doce y media de ese viernes veintitrés de Diciembre de mil novecientos noventa y cuatro. Todas nosotras salimos mirando sobre nuestro hombro por cualquier ataque que se presentara, y no es que temiéramos a un grupo armado, si no que se nos ponían los pelos de punta de sólo pensar en Amalia. La loca esa estaba armada tal como dijo, de pies a cabeza con huevos, harina y demás cosas. Los huevos eran su arma más peligrosa ya que los vaciaba y llenaba por separado con pintura, aceite, orina o mostaza con perfume, algunos sólo estaban podridos. Lo llevaba todo en un cinturón prefabricado por ella que parecía el cinturón de Batman. Yo temía, no por las demás, sino por mí misma. Era algo común que las amigas de las agresoras se llevaran la peor parte.
Salí con paso firme y rápido, mirando a cada instante hacia todos lados disimuladamente. Las demás caminaban más rápido o incluso corrían. De pronto, al terminar la cuadra, se escuchó un grito conocido: “¡Maldita sea, Amalia!”. Fue lo que dijo su primera víctima que estaba cubierta por pintura azul. Sin pensarlo más, corrí por un pasaje que quedaba cerca del primer ataque. No podía irme por otra parte porque esa era la única vía hasta mi casa. Mientras me internaba dentro del pasaje, podía escuchar los gritos y pisadas de mis compañeras y la estruendosa risa de Amalia. Podía a veces sentir el olor putrefacto de sus armas. Nadie podía vencerla, era la campeona de deportes de la clase del sexto y ahora séptimo A. Me escondí detrás de un árbol y me asomé a ver lo que pasaba. Los gritos se apagaron y sólo se escuchaban quejas y maldiciones, además del olor que cada vez se hacía más fuerte. Así, de pronto vi a Amalia caminando por este pasaje, con huevos en ambas manos como si fuera a batirse en duelo en alguna película de Westerns.
- ¡Sal, sal, de donde estés, Tanita! – así me decía - ¡No importa donde te escondas, te encontraré! Tengo este huevito desde hace tres meses con tu nombre impreso y es solamente para ti.
Me tenía prácticamente acorralada. Yo estaba escondida en el medio del pasaje y ella se acercaba por un extremo. De nada me serviría correr ya que ella era más rápida que yo y me alcanzaría antes de que llegara al final del pasaje. Tenía que salir y enfrentarla…o me quedaba allí escondida, esperando algún milagro. Bueno si quieren saber, sigan escuchando a Amalia contar la historia.
- Entonces sabía que Tania estaba detrás de ese árbol y me acercaba paso a paso, respiro a respiro, pero no sabía que el destino la ayudaría y de qué forma. Detrás de mí escuché el gritar de mi nombre y sin pensarlo me volteé y arrojé el huevo podrido que tenía en mi mano. Ojalá hubiera sido una de ustedes, pero en realidad fue mi propia madre. La dejé para la embarrada y yo sí que estaba en problemas en ese momento. Pensé que me daría la pateadura del siglo y que hasta aparecería en televisión. Después me sacaría del colegio y me metería en un convento. Lo venía venir, me iba a convertir en una monja o me iba a mandar a un psiquiátrico para volverme loca – más de lo que estaba ya, era imposible - ¡Puta que la cagué en ese entonces!
Pero no terminó así. Después de arrojarle el huevo y de quedar petrificada de la sorpresa, Amalia comenzó a balbucear una clase de disculpa. Su madre no dijo nada y se limpiaba los restos de huevo de su ropa. Luego, ella de una bolsa de supermercado que traía consigo, sacó un huevo, uno grande de doble yema. Se acercó a Amalia y se lo reventó en la cabeza.
- ¡Te lo tienes merecida, torpe! – la retó conteniendo la risa. Yo respiré aliviada y caminé en puntillas hasta el otro extremo del pasaje sin que me vieran y me perdí corriendo a toda la velocidad que mis piernas me dieran.

Por fin, y con alegría de todas, la brocheta estaba a punto de quedar completamente en cenizas. Solamente quedaba justo la mitad de un fósforo.
- Me queda un poquito, así que hay tiempo de…
- ¡YA BASTA! – le gritamos todas
- Bueno ya. – refunfuñó molesta y me arrojó la caja de fósforos - ¡Ahí tienes! Ojalá digas algo que valga la pena.
- Por favor, comienza pero nada más de brochetas– indicó la profesora
Saqué un fósforo y lo hice rozar para encenderlo.
- Bueno, yo…- no duré ni un segundo porqué el fósforo se partió a la mitad y se consumió en el aire.
- ¡Oh, bueno! Mala suerte, pero tendrás que pasarle la caja a tu compañera siguiente. – me dijo la profesora –en todo caso, ¿Tú nombre es?
- Tania Zerrante, profesora.
- Bien, Tania, haz lo que te dije.
Mientras pasaba la caja de fósforos, Amalia exclamó:
- ¡Qué genial lo tuyo, Tania! ¡Un aplauso y digo, sólo un aplauso!
Y todas obedecieron con una sonrisa cuando miraba a Amalia con el ceño fruncido.
Estuvimos como una hora con el juego del fósforo quemado. Supuestamente tenemos el recreo a las nueve y media de la mañana, pero la profesora nos dejó salir cinco minutos antes. Excepto a mí que me pidió que me quedara un rato más. Esperó a que todas se fueran para entregarme la caja de fósforos otra vez.
- Ahora enciende uno y dime lo que quieras decirme. – me dijo – Tú fuiste la única que no pudo hablar allí enfrente y yo no quería quedarme con la duda de tu persona.
Buen pretexto, pensé y le seguí la corriente. Tomé de nuevo un fósforo y lo encendí.
- Yo tengo exquisito gusto por el Jazz y el Blues y me encanta tocar la armónica. – hablaba con lengua Tarzánica, pero era la única forma de decir todo lo preciso de mí y de forma clara – Tengo un perro llamado Poncho y soy como el eslabón perdido de mi familia por tener color de pelo y ojos completamente diferente a ellos. – me quedaba un poco de cerillo y entonces, como no tenía nada más que hablar, dije lo primero que se me vino a la mente – Soy rara.
La profesora rió suavemente con lo que dije al final y me contagió su alegría.
- Lo último ya me lo figuraba. – me dijo – Gracias, ya puedes retirarte.
En el justo instante que atravesaba la puerta, sonó la campana de recreo.
Entonces ese día quedé como la rara frente a la profesora, o sea la chica freak, según decían. No me importó, total pensaba que con mis gustos, los cuales eran totalmente distintos a los gustos de las demás, era como para considerarme un tanto extraña.


Ya de noche en casa, mi madre, con cigarro en la boca, preparaba la mesa para cenar. Traté de que dejara por lo menos ese cigarro, pero no me tomó en cuenta. Mi padre, apenas se sentó a comer, abrió su botella de cerveza y comenzó a beber.
- Ya vas a tomar otra vez. - le dijo mi madre
- No te metas, vieja. – le respondió – Que yo no te digo nada cuando fumas.
Era evidente que ambos eran viciosos, pero los dos se llevaban perfectamente bien como pareja y eran felices. Cada vez que discutían por sus vicios, ninguno ganaba y terminaban riendo, fumando y tomando…para variar.
Comimos arroz con pollo. Lo último sobrante del almuerzo y lo último recién cocinado y con un leve olor a tabaco. Por Dios, ni cocinando deja de fumar. Y gracias a eso no falta el día en que se caen cenizas de sus cigarrillos en la comida cuando se está cocinando. Sobre todo cierta vez en que cocinó sopa de pescado y su cigarro, sin querer, cayó dentro del caldo cuando estaba preparándolo. Como estaba ya lista la comida y ese mismo día teníamos de invitados a los hermanos de mi papá y estaban resonando las tripas en la mesa, mi madre astutamente disimuló en saber con hierbas y sirvió la comida. Por suerte noté aquel incidente y solamente yo y mi madre no comimos poniendo de pretexto que no teníamos hambre, aunque sintiéramos patadas en nuestros vacíos estómagos. A todos les pareció exquisita la comida y le preguntaron a mi madre a que se debía ese extraño sabor que tenía la sopa. Ella, haciéndose la lesa, respondió que era un secreto culinario personal. Si lo hubiesen sabido…
Esa fue la escena de mi madre, pero la de mi padre no tuvo tanta suerte ese día. En la noche, a eso de las diez, él y sus hermanos se divertían tomando y fumando en la mesa junto a tres velas encendidas. Mi padre, como costumbre, había bebido ya unas tres botellas él solo y vayan a decirle que el alcohol no es inflamable porque él mismo los azota por ignorantes. Como era típico, en su estómago tanto alcohol y nicotina provocaron que eructara. Le podía haber pasado a cualquiera, pero tenía que pasarle a él. Su eructo fue tan grande y fétido a alcohol que, en compañía del fuego de una vela, se formó una llamarada que mi hermano bautizó como: “el eructo ardiente”. Y con eso el cabello de uno de sus hermanos se quemó por completo. La alharaca que provocó por sus gritos y el show que se formó al ver a mis padres y tíos corriendo con agua en jarros y vasos y arrojándola a la cabeza de mi pobre tío fue una digna escena de película cómica o sacada de The Simpsons. Yo y mi hermano llorábamos de la risa y nos apenaba no haber tenido en ese momento una cámara de video.
Después de la cena, levanté mi plato y me dirigí a mi habitación. Tenía unas tres páginas de tareas y quería terminarlas ese mismo día, aunque el plazo de entrega fuera el jueves de la semana próxima. Apenas me senté en mi escritorio con cinco libros y cuadernos apilados, sentí gritos desde afuera.
- ¡Tania! ¡Sal, Tania!
Escuché que mi madre abrió la puerta y saludó.
- ¡Tania, te busca Amalia! – me dijo mi mamá.
- ¡Que pase! – le ordené.
Sentí el cerrar de la puerta y los bruscos pasos de Amalia hasta mi habitación. Yo estaba dando la espalda a la puerta cuando ella entró rebozando de felicidad.
- ¡Hola, chica roja! – me saludó golpeando mi espalda - ¿Cómo estás? ¿Qué estás haciendo? – se lanzó a mi cama y comenzó a jugar con mis peluches.
- Estoy haciendo la tarea – le respondí -, que, por cierto, tú también deberías de hacer.
- Pero si ya la hice – me dijo haciendo la mímica con uno de mis peluches.
- ¿Cómo? ¡Ya la realizaste toda! Pero si son tres páginas de cuaderno universitario.
- Es que esa tareíta de historia universal es de lo más fácil, sobre todo ese cuestionario. ¿Qué cambios trajo a la Edad Media las Cruzadas? Mucho descubrimientos y demás cosas; ¿Cuáles fueron las más importantes cruzadas?, ¿Cómo era conformado un castillo feudal?, ¿Qué es el feudalismo?, y así, así, así. Todas esas cosas las respondí antes de venir y no me tardé demasiado. El hecho de que tú cenes todos los días te quita mucho tiempo para estudiar y hacer las tareas. Deberías ser como yo y comer sólo tres veces al día en lugar de cuatro. Desayuno, almuerzo y once. Cada uno con siete horas de diferencia y estarás saludable y con tiempo para hacer esas cosas del colegio.
Me parece increíble su persona. Buena en deportes, inteligente en la mayoría de las materias y extremadamente simpática, pero algo tocada. No lo notaba, pero a veces siendo así, sentía una aire de arrogancia fluir de ella.
- Bueno, ¿Y a qué viniste?
Dejó el peluche de lado y se me acercó.
- Acaso tengo que tener un pretexto para verte – me dijo estirando mis mejillas - ¿Eh, Tanita?, ¿Porqué me dices eso?, ¿Será que ya no me quieres? Sí, debe ser eso. Me desprecias, ¿No es así? Y yo que pensé que éramos buenas amigas – me decía dramáticamente y sollozando – Entonces, me iré. Hasta luego.
- ¡Ya deja de fanfarronear! Yo no dije eso.
- Entonces, vamos.
Me sujetó del brazo y me llevó fuera de mi casa.
- ¡Vamos a salir, señora! – le dijo a mi madre - ¡No se preocupe que se la traeré entera!
Eso no era lo que me preocupaba a mí, sino el hecho de qué iba a hacer era lo que me erizaba los cabellos. Se sacó corriendo de la casa y se detuvo de súbito a los pocos metros. Como yo prácticamente iba volando detrás de ella, choqué abruptamente contra su espalda y caí al suelo, pero ella ni siquiera se inmutó.
- Vamos a las maquinitas. – me dijo con una sonrisa – Yo pago, así que no te preocupes por nada.
Me tomó otra vez de mi brazo que aún no se recuperaba de la marca que me dejó antes y me llevó otra vez volando hacia las maquinitas de video.

Era un local instalado en la ampliación de una casa. Las luces del anunció brillaban y se podía leer: “Vide ju gos”. Era porque se habían robado le “e” de juegos por pura diversión y la “o” de video estaba quemada. También que la “v”, la “d” y la “j”, tiritaban por el desgaste. Ese puesto de entretención tenía alrededor de quince años y fue uno de los primeros con aquellas máquinas funcionando en el país. Se podía jugar antes juegos mame o de atari. Ambos clásicos para los jóvenes de antaño y que aún no dejaban de ser adictivos. El puesto ahora funcionaba con lo último en videojuegos desde que el dueño de sesenta años instaló dos consolas de Nintendo y una de Super Nintendo. Las primeras con cinco juegos y la última sólo con dos. El imperdible Mario BROS era el predilecto de la mayoría de los clientes.
Amalia, en cambio, jugaba Space Invader exclamando a cada nave alienígena que destruía sus correspondientes maldiciones de victoria. Yo trataba de disimular y ponía cara de que no la conocía. Siempre me daba vergüenza ajena verla haciendo esos disparates frente a los videojuegos y además el hecho de que todos los demás la miraban. Con los dos mil pesos que me dio compré unas cuantas fichas de flipper y me entretuve jugando hasta que se acabaron. Me encantaban esos juegos y además eran los únicos que jugaba cada vez que Amalia me arrastraba hasta aquí. Impulsar aquella bola de acero por esos túneles y golpearla con esas palancas me entretenía bastante. De hecho tenía el record del local con no sé cuantos puntos acumulados.
- ¡Maldita sea! – exclamó Amalia de pronto muy molesta - ¡Perdí otra vez! A ver si tengo otra ficha. ¡Maldición, se me acabaron todas! – decía dando pataletas –. Tendré que comprar más. Ni modo.
Se acercó a la caja del local y dejando fuertemente unos mil pesos sobre la mesa, pidió lo que alcanzara en fichas de video y una de tacataca.
- ¡Gracias, señor! – dijo guardando sus fichas – Pero me haría un minúsculo favor.
- ¿Cuál sería? – preguntó el cajero con la única intención de que se alejara lo más pronto posible de su vista. Creo que le tenía miedo.
- Podría cambiar la estación de radio – le rogó – Es que esa música ambiente me desconcentra cuando estoy jugando.
- De acuerdo. – aceptó moviendo el sintonizador FM.
- ¡Déjela ahí! – le ordenó Amalia – Esa canción sí me gusta.
Y todos los presentes allí tuvimos que escuchar Highway to the hell del grupo AC/DC y también soportar el cantar de Amalia.
- ¡Ahora si verán, malditos alienígenas! – los amenazaba riendo - ¡Conocerán a la verdadera Amalia! Los voy a….los voy a…¡Los voy a mandar al infierno, desgraciados!
No tuve tiempo de verla jugar porque estaba muy concentrada en la bolita de acero, pero igual podía escuchar sus alaridos cuando perdía cada vez más frecuentes. Me quedé sin fichas de pronto por lo que fui a comprar más. Al pedir unas cinco en caja, noté que el cajero miraba directamente hacia donde estaba Amalia. Cuando la vi, comprendí aquella expresión de terror del cajero. Amalia estaba a punto de un ataque de ira por sus constantes derrotas y no querrán conocerla cuando se enoja. Le ordené al cajero accionar la alarma de incendio para que todos salieran. Nadie dudo en escapar al verla allí jugando. Apretando tan fuerte los botones que sus dedos los atravesaban. La música seguía sonando mientras todos salían cuando la voz de Amalia se apagó y quedó parada mirando fijamente la pantalla que decía con grandes letras rojas: You lose.
- ¡Salgan pronto! – les ordené a gritos.
Amalia se puso completamente roja como la cabeza de un termómetro a punto de estallar y, tal como lo temía, enfureció. Golpeó la máquina de videojuegos y la hizo añicos de un solo golpe. Gruñendo como demonio, golpeaba todo lo que estuviera a su paso con una increíble fuerza. Parecía una parodia de dibujos animados y, al igual de cómo terminan, el local estalló por su propia ira.
Del humo y escombros salió ella calmadamente dirigiéndose a mí que estaba encima del cajero y de no sé cuantas personas, sucia y aún asustada.
- ¿Quieres jugar al tacataca? – me preguntó con una sonrisa.
Sin poder hablar a causa del miedo que aún tenía, le señale la hora en un reloj de un brazo que se asomaba por allí.
- Cierto, tienes razón – me dijo – Es hora que volvamos a casa.
Me sujetó del brazo tal como llegamos, nos fuimos mientras ella decía adiós. Era la quinta vez en ese año que pasaba eso y aún no sabía por qué siempre renovaban aquel juego. Sería bueno de una vez por todas se desasieran de él por el bien de todos y, especialmente, por el mío propio.


Eso es todo, folcks, gracias por haberse leído eso tan largo y no olviden luego parpadear porque leer por el monitor jode la visión.

See ya!!!


viernes 28 de septiembre de 2007

New Age Cartoons #6: The Grim Adventures of Billy & Mandy

Hace mucho que conozco esta serie y hace tiempo que es una de mis favoritas y hace rato que quería hacer un post y quise comenzar con este cartoon neo-clásico de la animación actual.
Definida en sólo una palabra: extraña. Esta serie comenzó con su corto piloto "Meet the Grim" entre 1998 y 1999 y emitido en el bloque Cartoon-Cartoons de Cartoon Network, la serie fue creada por Maxwell Atoms. En el 2001 la serie derivo a un show televisivo llamado "Grim & Evil" donde aparecían dos programas creados por Atoms: Evil Con Carne y The Grim Adventures of Billy & Mandy. Como el segundo show gozó de más popularidad alcanzó pronto su porpio segmento en Cartoon Network. Hasta ahora es uno de los trabajos más originales de la cadena de TV, más bizarros, sin sentido y, en parte, para niños con mente frikeada.


La historia es literalmente sencilla: dos niños, Billy y Mandy, hacen un trato con la muerte en un juego de limbo. El trato consistía en quedarme con el "Señor Cariñoso", un hamster de Billy ya moribundo, y también que Puro-Hueso (la muerte) fuera su amigo por toda la eternidad. Naturalmente, los niños ganaron.

Los personajes son netamente extremistas en sus personalidades: Mandy es una niña rubia sin nariz con muy mal caratcer y ansias de dominar el mundo; Billy es un niño pelirrojo y extremadamente estúpido con una gran nariz; Puro Hueso es la muerte con problemas existenciales y emocionales.

Sus aventuras son alocadas y casi sin sentido alguno. Algunos capítulos son sólo relleno dentro de una serie sin línea fija (como Ren & Stimpy) ya que pocos capítulos se sostienen de los anteriores. Es más, debido a esto, la continuidad de la serie está más que asegurada.

Fan Site: http://www.gportal.hu/portal/grim/


miércoles 8 de agosto de 2007

DeviantArt

Once one week ago I did a page in DevianArt, where I upload all my draws. My page is called "Katrinaland", like a character created by me.
For that reason perhaps I quit of this blogger-page...for a short time.



That's all folcks!!


martes 31 de julio de 2007

Chess With Bergman

Ingmar Bergman, director sueco, ha fallecido este lunes. Pese a haber perdido la partida de ajedrez contra la muerte, ganó la partida del legado, ganó la inmortalidad.
Este dibujo que sigue lo hice como un homenaje. Aquí está Bergman jugando ajedrez contra Katrina (quien está disfrazada de la muerte).